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Nuestra habilidad innata del sentir.

By October 9, 2020 No Comments
gato y mano

Recuerdas aquel momento cuando te enamoraste por primera vez y sentiste mariposas en tu estómago y la sensibilidad de todo tu ser se agudizó mucho más?. Los olores eran más profundos, el tacto era más sensible, y el oído igual. 

 

Algo que me pregunto mucho es,

 

¿hasta qué punto hemos dormido nuestra habilidad de sentir a través de los años?

 

Realmente hoy en día son pocas las personas que sienten. Y no me refiero a aquellas sensaciones de dolor cuando nos golpeamos, o nos coje la corriente  o incluso cuando llegamos al punto de enfermarnos hasta sentirnos incómodos o terriblemente mal. Tampoco me refiero únicamente a ese sentir de inmensa alegría cuando recibimos un trofeo o una noticia buena, o cuando creemos que conocemos el amor por primera vez. Ya eso de por sí demuestra que muchos en algún momento de la vida dopamos nuestra habilidad de sentir, ya que el amor verdadero es una fuente que constantemente fluye dentro de nuestro existir. 

 

Recuerdo que de niña en la finca de mis abuelos criaban vacas para luego ser llevadas al “Matadero” para luego ser alimento. Yo recuerdo que antes de que esto sucediera yo me retiraba hacia dónde estaban estos animales, y las abrasaba, las acariciaba y les transmitía amor. Lloraba con ellas por qué aunque suene insólito literalmente estos animales también lloraban, recuerdo ver las lágrimas salir de sus grandes ojos, y en ellas veía esa cara de angustia como si supieran que algo iba a suceder. Nunca olvido esa conexión que sentía entre estos animales y yo. Recuerdo que una vez mi abuelo me encontró acariciando las vacas y llorando con ellas y me dijo, – Mija, usted a veces es demasiado sensible con esos animales, no es bueno ser tanto así -. Con el tiempo levanté esas palabras que me dijo mi abuelo, y cuestioné lo que yo hacía, pero aún así el amor y respeto que sentía hacia aquello que para mí estaba vivo era aún más fuerte que otras convicciones mentales. 

Cuando observo este planeta que nos sostiene, tan vibrante, lleno de vida, en constante movimiento sobre aparentemente una plataforma quieta que tan solo con el pasar de los años muestra su evolución, me doy cuenta que existe un latir tan profundo, como el latir de nuestro corazón que no cesa ni un instante y que no necesita ser comprendido o estudiado para saber que es así. 

 

Todos nosotros los seres humanos por más experiencias difíciles que hayamos vivido si vamos un poco más profundo podemos encontrar una memoria o un recuerdo de un sentir de amor profundo. Incluso si embarcamos nuevamente esa sensación podremos describir en algo la esencia del amor. 

 

Yo recuerdo que hace unos años en Inglaterra, salí una mañana a trotar al parque. Recuerdo que este bello parque estaba rodeado de unos árboles altísimos y grandes como todos los árboles de este país. Al pasar por uno de ellos a mis espaldas sonó un ruido muy fuerte como el de una bolsa cargado de agua. Pash!! Inmediatamente me detuve y me volteé para ver que era y de sorpresa había sido nada más y nada menos que una ardilla. Este pequeño animalito que por poco cae en mi cabeza, había caído de una altura de aprox 15 metros. La verdad no sé cómo sobrevivió, pero al acercarme esta pobre criatura se revolcaba en su propio cuerpecito de manera que pensé que estaba muriendo de dolor. La tomé en mis manos la agarre de tal manera que se sintiera contenida por mi. La apreté y la recoji con mis palmas en mi corazón, hay la deje por unos minutos, no sabría si iba a sobrevivir o moriría pues pence que se había reventado por dentro. En ese momento sentí un inmenso amor, un amor que hacía salir calor de mis manos, un amor que sentía el shock, y la angustia de este pequeño ser, y aún más un amor de que la vida de por sí se estaba encargando de construir el siguiente paso, ósea de vida o de muerte. Milagrosamente, después de unos minutos este animalito recuperó la fuerza y se paró en mis manos y como si nada salía a correr. 

 

El amor es aquello que nos está constantemente conectado a nuestra fuente de sentir. Sentir esa vida que fluye dentro de nosotros y también fuera de nosotros. 

luisa vaca

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